Temporada alta de mayo a setiembre
Durante estos meses, Andahuaylas vive sus días más despejados y secos, coincidiendo con el invierno andino. Al aterrizar en el Aeropuerto de Huancabamba, notarás de inmediato la intensidad del sol serrano y un cielo de un azul profundo que domina el paisaje. El clima es fresco durante el día, con temperaturas que suelen rondar los 18 °C, pero al caer la tarde el frío se vuelve intenso, descendiendo a veces cerca de los 0 °C. Esta claridad permite apreciar con nitidez la geografía montañosa que rodea la ciudad y facilita los recorridos hacia la Laguna de Pacucha.
El ritmo social se acelera gracias a las festividades tradicionales y la llegada de visitantes que buscan explorar los sitios arqueológicos cercanos. En junio, la ciudad se llena de energía con celebraciones que rinden homenaje a la cultura local, mientras que el campo luce tonos dorados por la cosecha. Es la época ideal para las actividades al aire libre, ya que la ausencia de lluvias garantiza senderos firmes y una visibilidad perfecta para la fotografía. La vida urbana se concentra en la plaza principal, donde el ambiente es animado y los días parecen extenderse bajo una luz constante.
Temporada baja de octubre a abril
La llegada de las lluvias transforma radicalmente el entorno de la ciudad, cubriendo los cerros con un manto verde brillante y denso. Aunque las precipitaciones pueden ser fuertes entre enero y marzo, las temperaturas diurnas se sienten un poco más cálidas y estables, manteniéndose alrededor de los 15 °C a 20 °C. Al llegar por aire, el descenso ofrece una vista privilegiada de los campos fértiles y las quebradas llenas de vida. El aire se percibe más puro y húmedo, lo que otorga una sensación de frescura constante en cada lugar de la zona urbana.
En esta etapa, el ritmo de vida en Andahuaylas se vuelve más pausado y auténtico, lejos del flujo turístico más intenso. El evento central ocurre en verano con el Pukllay, un carnaval que celebra la identidad chanka con danzas y música que inundan las calles de color. A pesar de las lluvias, la ciudad mantiene un encanto especial para quienes prefieren la tranquilidad y los paisajes coloridos. Es un periodo de gran importancia agrícola, donde el ciclo de la tierra dicta las actividades diarias y el murmullo del agua en los arroyos cercanos se vuelve la banda sonora habitual.